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Rubén Pedreira | Autor de Zona de habitabilidad

Escritura · Ciencia · Curiosidades

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Narración en crudo y en primera persona del descarrilamiento psicológico. Esther Greenwood, que si nos fiamos de las fuentes consultadas es un alter ego de Plath, empieza la novela bastante bien. Las señales de que su cabeza no está para mucho aplauso están ahí, el hastío del mundo aparece en detalles que nos deja ver en ciertos momentos, pero en esa introducción en la que disfruta a medias de vivir un mes a gastos pagados en Nueva York no se llega a pensar que el desastre será tan desastroso. Fue allí tras ganar un concurso para vivir la experiencia de trabajar en una revista de moda, pero es consciente de que no está disfrutando del todo la oportunidad precisamente por esas señales de lo que vendrá.

Cuando vuelve a su ciudad, todo lo que tenía gestándose dentro se le viene encima de golpe. Un episodio de frustración literaria que le hace sentir que nunca tendrá éxito en su pasión y alguna experiencia traumática que se trajo a cuestas de Nueva York actúan de desencadenantes. Cuenta que llega a pasarse varias semanas sin dormir, deja de cuidar su higiene porque la simple idea le resulta inasumible y empieza a notar a su alrededor una campana de cristal que la rodea y le quita el aire.

La historia es un retrato tan verídico de lo que ocurre en la cabeza de una persona que llega a un punto de no retorno en su estado depresivo que pone los pelos de punta a todo lector no rapado. La naturalidad con la que decide que el cuerpo le pide tierra y fantasea con diferentes ideas para quitarse del medio es entre genial y horrible. Genial en lo que corresponde a lo literario y horrible en lo que corresponde a lo empático, sobre todo cuando eres consciente de que Plath decidió acabar con todo muy poco tiempo después de publicar esta novela.

Se hace incómodo hablar en términos literarios de un libro tan delicado, una novela que es difícil no plantearse como un grito a la desesperada, quizás una última llamada de socorro. El atrevimiento definitivo de exponerse con todo, soñando sin esperanzas reales con una mano que sea capaz de ofrecer una ayuda que consiga llevarle fuera del pozo pero dando por hecho que no va a ocurrir. No leemos un libro, visitamos un infierno.

 VALORACIÓN:

 

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Categoría: Pintura

Autor: Kay Sage

Año: 1955

País: Estados Unidos

Estilo: Surrealismo

Contexto histórico:  El surrealismo tuvo su apogeo en los años 20, y se mantuvo en auge unas décadas más antes de ir dejando paso a otras escuelas inifluenciadas por este movimiento. Dentro del surrealismo pictórico, Kay Sage (1898-1963) fue una de las artistas más relevantes de Estados Unidos y estuvo casada con otro pintor surrealista como fue Yves Tanguy. Fue precisamente tras la muerte de su marido cuando Sage pintó este cuadro.

Descripción: Esta obra crea una atmósfera de desolación, en la línea de la autora que se destacó por su búsqueda de transmitir melancolía y desesperanza a través de sus obras. La artista pintó un paisaje en el que diversas estructuras arquitectónicas aparentemente abandonadas aparecen encerradas en estrucuturas de construcción en las que no hay ni rastro de vida. El propio entorno parece hostil, incluso inhabitable debido a la nube de polvo que lo baña todo.

Anécdotas: 

-Esta fue la primera obra que pintó Sage tras la muerte de su marido Yves Tanguy, y una de las últimas que pintó antes de su suicidio en 1963 [1].

 

[1] The Metropolitan Museum of Art - Tomorrow is never

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Una niña nace y crece en la América profunda de los años 50 siendo diferente. Ni se viste como las demás, ni le atrae lo que a las demás ni se comporta como los demás. Lo que viene después es lo que cualquiera puede temerse: una vida de exclusión, violencia social, miedo y traumas que la autora explica mucho mejor de lo que puedo hacer yo aquí.

Este tipo de historias te rompen un poco porque una persona necesita sentirse parte de algo para sentirse válida. Verse ajeno a todo es una tortura, más aún cuando es la propia sociedad la que te empuja fuera con violencia. En algunos casos es una violencia física, en otros casos es psicológica. Incluso existe la exclusión autoinfligida cuando la experiencia pasada te enseñó a pensar que nunca serás aceptado y a ver el rechazo como algo inherente a tu persona. Existen muchas formas de sentirse fuera de todo, todas ellas insufribles.

Es complicado reconocer los infiernos propios y más aún compartirlos, aunque sea en una novela de ficción (o autoficción). Por eso obras así tienen importancia, pues ponen palabras a situaciones que mucha gente vive y no se atreve a compartir porque nadie suele atreverse a mostrar a los demás aquello que le hace ser débil, diferente o incluso víctima. Y tienen importancia doble: por un lado, para transmitir el mensaje de que no están solos a todos lo que pasen por eso. Por otro, para que quienes no sufrieron los mismos padecimientos puedan conocerlos y empatizar si así lo sienten. Habrá veces en las que no se empatizará, porque ser víctima no evita que puedas ser también imbécil, pero no creo que sea el caso de este libro. La historia de la protagonista llama a la empatía.

Creo que para vivir en el mundo es necesario escuchar, leer e intentar entender las lágrimas ajenas, porque aquí estamos todos. Igual que un gobernante es un gobernante de mierda si gobierna solo para los ricos o solo para los de su ideología, no creo que estar en el mundo y vivir solo para lo tuyo sea válido. Lo más importante en la vida en sociedad es proteger tu derecho a que nadie te toque las narices con sus gilipolleces, y justo por eso en el segundo escalón está no ser un gilipollas con los demás por ser como son.

 

VALORACIÓN



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Esta es la cara que pone John Steinbeck cuando le explicas que llevas toda tu vida viviendo en Tordesillas pero vas a ambientar tu obra maestra en un instituto de Ohio

Te encanta el cine de Hollywood. No te pierdes ni un estreno de Meryl Streep y tu director preferido es Martin Scorsese. Puedes recitar con los ojos cerrados el nombre de las cuatro avenidas más míticas de Nueva York e incluso sabes explicar por qué las calles de la emblemática ciudad americana siempre están bañadas de un inquietante vapor saliendo del suelo en los planos nocturnos de las películas de los 80. Consumiste suficiente cultura americana como para saber todos sus trucos, estás muy influenciado por todo lo que emana de Estados Unidos y sabes que la industria cultural estadounidense plaga las estanterías y los cines de todo el mundo, pero eso no se cumple al revés. Ni por un segundo imaginas que una historia que transcurre en un instituto de Barbate pueda llegar a manos de un americano, porque eso es imposible. Teniendo en cuenta todo eso, lo normal es que decidas que la ambientación de tu gran historia sea a decenas de miles de kilómetros de tu casa, por mucho que no hayas visitado nunca ese lugar.

Para mucha gente, acostumbrada a que los protagonistas de las obras que consumen se llamen Brandon o Sharon y sean quarterbacks o cheerleaders, crear una historia con esa misma fachada suena a elección natural. Es más, en varias ocasiones, hablando con personas que estaban empezando en lo de la escritura escuché algo que parece ser bastante común: Por alguna razón, es habitual que el escritor o escritora que empieza a enfrentarse con hojas en blanco sienta incomodidad ante la idea de que su protagonista se llame Paula y viva en un sitio que tenga un nombre tipo Villaverde del Fresnedillo. No obstante, si Paula pasa a llamarse Emily y vive en un pueblo llamado Greenville la cosa ya parece más natural. Quizás en algún momento me sentí de una manera similar, aunque dedicar un rato a pensar en el por qué de semejante cosa te lleva a darte cuenta de que no hay motivo lógico para ello.

Si algo tengo claro es que el escritor debe ser, antes que nada, lector. No se puede olvidar nunca de leer mucho ni tampoco de reflexionar sobre lo que le transmiten las cosas cuando las lee en vez de escribirlas. Sabiendo esto, hay una cosa que debemos aprender a fuego: Nada grita con más fuerza "Libro de autor nobel lleno de erratas y tramas incongruentes" que encontrarse una historia ambientada en la América profunda escrita por alguien que nunca puso un pie allí. Piensa en best sellers españoles y echa cuentas de cuantos de ellos se ambientan en lugares del mundo real que el autor desconoce. ¿Te sale alguno? Quizás haya por ahí algún thriller con un inspector Williams que compensa con carisma el nulo conocimiento del autor sobre el procedimiento policial americano o por las costumbres cotidianas más básicas que se alejen de los clichés de las películas, pero poco más.

Hay algo que debes saberte tan bien como tu número del DNI: Conseguir que tu historia sea creíble es una tarea muy complicada, y empezarla poniéndote escollos en el camino no es una decisión sabia. Por muy surrealistas que te parezcan las tramas de algunas americanadas que ponen un domingo por la tarde en la tele, piensa que la persona que las creó vive allí y sabe hasta qué punto lo que narra tiene verosimilitud. Si esa persona desconociese por completo los escenarios que utiliza, el despropósito sería aún mayor. Y, en cualquier caso, tú lo que quieres es una obra decente, no una americanada de sobremesa.

Sé honesto con quien te va a leer. Si vas a escribir una historia realista habla de realidades que conoces, ya que en caso contrario nunca será realista y chirriará por todos lados. Si tienes una idea genial que necesita hablar de algo que te queda lejos puedes hacerlo, es algo que se hizo siempre, pero procura que sea porque no queda más remedio y no por pensar que queda mejor. Ten en cuenta, además, que la única manera de hacerlo bien pasa por dedicar primero por un extenso periodo de documentación. Para obras de nicho o que necesitan obligatoriamente recurrir a lo desconocido por el motivo que sea es muy lícito explorar lo que no se conoce en primera persona si se hace bien, pero escapa de las decisiones innecesarias que condicionan todo lo demás. Tu historia no necesita un teniente Johnson pudiendo tener un teniente García. Disfruta del placer de facilitarte la labor literaria y ahorra al lector el mal trago de dejar tu libro a medias ante la acumulación de sinsentidos que aparecieron por ir intentando poner parches a los problemas encontrados a lo largo de la labor creativa al llegar a contextos que desconoces en lugares que no son el tuyo. Y si estás ante tu primera novela, casi podría asegurarte que casi en ningún caso es buena idea escribir sobre algo que no dominas ni aún documentándote bien. No es aconsejable combinar a la vez el procedimiento de afianzar tu forma de escribir con el de llevar una labor de investigación.


AXIOMA 2:

"No des a tus historias una ambientación innecesariamente extraña. Aunque a ti te parezca más natural que los personajes vivan lejos y sean exóticos, al lector le chirría desde el primer minuto ver un intento de americanada escrita por un tal José Luis Pérez. Si no te genera comodidad ambientar tus historias en lugares similares a los de tu entorno, siempre te queda dedicarte a la fantasía, pero procura no convertir una historia que querías hacer realista en un surrealismo cómico. Y si no queda más remedio que escribir sobre algo que te queda muy lejos, documéntate como si tu carrera depende de ello. De hecho, depende de ello, nadie quiere tener un recorrido literario empañado por una primera obra absurda"


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Categoría: Pintura

Autor: Asher Brown Durand

Año: 1867

País: Estados Unidos

Estilo: Escuela del Río Hudson

Contexto histórico:  Esta obra fue pintada a finales de la década de 1860, una época marcada por la reconstrucción del país americano tras la Guerra de Secesión (1861-1865). Eran tiempos de desarrollo industrial rápido y de los últimos coletazos de expansión territorial estadounidense hasta convertirse en el país que es en la actualidad. También fueron años en los que se afianzó con fuerza el sentimiento patriótico y de identidad en los norteamericanos.

Descripción: En la obra se puede ver un paisaje tranquilo e íntimo, alejado de los paisajes abiertos y grandiosos que el autor solía representar en otras etapas. En esta última época de su labor artística Durand se interesó por representar con fidelidad paisajes más cerrados. El nivel de detalle de esta pintura, en la que destaca especialmente la forma impecable de representar la luz natural, es clave para generar esa sensación de calma que transmite la obra.

Durand, igual que sus compañeros de movimiento, defendía los paisajes que pintaba desde un punto de vista influenciado por el romanticismo, viéndolos como una forma de representar no solo el mundo palpable sino también  un medio para generar sensaciones espirituales

Anécdotas: 

-La Escuela del Río Hudson es el movimiento en el que se agrupan una serie de pintores norteamericanos dedicados al paisajismo a mediados del siglo XIX. Destacaban por una moral patriótica estadounidense, bajo la idea de que pintaban para mostrar la belleza de su país, y reciben su nombre a partir de la zona en la que solían encontrar inspiración y escenarios para sus obras, los alrededores del Río Hudson (Nueva York)

-El escenario representado probablemente pertenezca a una localización dentro del valle de Catskill o las montañaas de Adirondack [1], dos de los escenarios favoritos del autor.

 

[1] Brooklyn Museum

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Cómo vivir del cuento y no morir en el intento: Consejos para escritores que quieren vivir de su arte

Stephen King escéptico
"Ah, ¿así que tú también quieres ser el nuevo Stephen King?"

 

Vaya, ¿qué tenemos aquí?. Veo que te decidiste por fin a hacer caso a aquella profesora, a aquel familiar o aquel amigo que siempre te dijo que se te daba bien eso de juntar palabras y que deberías probar a escribir un cuento, un relato o incluso (ojalá que no, líbresenos de semejante atrevimiento en las fases iniciales de una carrera literaria) una novela. Era solo cuestión de tiempo que te animases a probar, ¿verdad? ¿A quién no le va a gustar soñar con convertirse en la nueva historia de éxito de las letras castellanas? Se te da bien, siempre se te dio bien, y tienes la motivación necesaria. Y por lo menos la tendrás durante uno o dos meses más, no cabe duda.

En las redacciones del colegio era una maravilla tu habilidad para poner los puntos y aparte justo donde debían ir. Tampoco temo equivocarme si me arriesgo a decir que incluso en alguna ocasión te vino una chispa de elegancia y levantaste los aplausos del claustro de profesores con algún punto y coma nunca antes visto en la historia reciente de tu centro educativo. Pero siento decírtelo: La primera obra de ficción que escribas va a ser mala. Quizás no la historia, pero sí la ejecución. Y eso no es una crítica destructiva, es un hecho por el que todo el mundo pasó. Quizás hubo un puñado de personas en la historia que tuvieron la suerte de saltarse ese paso y empezar ya siendo genios desde la cuna, pero espero que tengas muy claro que no quieres caer en el cliché del escritor o escritora que se cree genial sin haber hecho nada, ¿no?

Empecemos por entender que escribir es un proceso, y hacerlo bien lleva su tiempo. De hecho, creo que un paso vital a la hora de aprender a escribir es empezar a darte cuenta de todo lo que haces mal y aprender poco a poco a arreglar estropicios, cada uno según sus técnicas y ritmos. Si buscas la guía definitiva para el éxito, siento decirte que no existe, y si existe no está en mis manos sino en la de alguna eminencia que se la guarda para uso propio. Yo no puedo ofrecer la sabiduría de una eminencia porque no lo soy y probablemente nunca lo sea, eso es para gente que se toma las cosas muy en serio o para gente que nació con un don divino. A mí no me genera especial interés tomarme las cosas muy en serio y tampoco me avisó nadie de que tuviera ningún don debajo del brazo cuando nací, así que lo único que ofrezco es una experiencia de varios años metiendo la cabeza por el mundo literario como escritor y como lector (ambos roles son necesarios).

En este tiempo me encontré con un puñado de cosas de las que nadie te suele advertir cuando no tienes gente cercana metida en el mundo de la escritura y por ello no sabes muy bien por donde empezar. No hay nada como darse hostias contra los muros unas cuantas veces para aprender la mejor manera de saltarlos, y a lo largo de estos artículos intentaré compartir algunos trucos prácticos u opiniones (no siempre prácticas) para que el muro duela menos cuando aparezca de golpe delante de tus narices. El consejo realmente definitivo sería: Búscate un buen padrino y que te vaya abriendo el paso. Asumo, no obstante, que no todo el mundo tiene muy claro cómo buscarse tal cosa y por eso tiraremos por el camino largo.

Este primer artículo es una simple introducción con una parte buena y una parte mala para cualquier persona que quiera empezar a teclear historias. La parte mala es que, por mucho que la gente te diga que escribes muy bien, una cosa es redactar bien los trabajos académicos o hacer unos emotivos posts en redes sociales y otra cosa muy distinta es escribir bien. Si nunca escribiste literatura, probablemente lo primero que hagas será malo como ya dije antes. La parte buena es que no pasa nada, porque a escribir literatura se aprende escribiendo literatura. Tienes una vida por delante para mejorar. Y a lo largo de estas publicaciones que escribiré tendrás la enésima serie de artículos publicada en Internet con consejos para escritores. ¿Qué diferencia lo que encontrarás aquí de lo que encontrarás en muchos otros sitios? Pues no lo sé, porque no los leí todos. Pero sí que leí algunos y por lo general tienen cierta tendencia a endulzar las verdades incómodas. Yo prefiero no hacerlo, porque el camino de la literatura está lleno de verdades incómodas (aunque también está lleno de cosas entretenidas).

¿Todo preparado para empezar un camino en el que la linea entre la paz mental y la desesperación absoluta es tan fina que a veces la cabeza convive en equilibrio entre ambas? Pues siéntate, intentaré ayudar en lo que pueda para que la paz mental sea tu camino si pretendes (porque conseguirlo es otra historia) vivir del cuento. Pero tienes que poner de tu parte y entender que la probabilidad de que se cumpla en la vida real la idea de éxito que tienes formada en tu cabeza es tan probable como ganar la lotería. Esa es, de hecho, la primera enseñanza de esta guía para la vida:


AXIOMA 1: 

"Quítate de la cabeza la idea de que estás empezando un camino que te llevará a ser el futuro Stephen King o la futura JK Rowling. A la literatura se viene a otra cosa, es un medio para transmitir lo que quieres transmitir, no pongas el carro delante de los bueyes. Todo escritor quiere ser leído por el máximo número de gente, pero el objetivo real debe ser mejorar y aportar una obra honesta. Cualquier objetivo irreal solo lleva a la frustración y a caer en el peor de los clichés posibles: El del escritor quemado, asqueado del mundo y que cree que el universo le debe algo por haber juntado unos cuantos párrafos en forma de libro."

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Categoría: Pintura

Autor: Jacob  Van Ruisdael

Año: 1670

País: Holanda

Estilo: Barroco

Contexto histórico:  El pintor paisajista Jacob van Ruisdael pintó en 1670 esta obra, una de las más representativas del paisajismo que tanto éxito cosechó durante la época del siglo de oro neerlandés (~1588-1672). 

Descripción: La figura protagonista del cuadro es un gran molino de viento junto al río Lek, en la provincia de Utrecht (Países Bajos). El molino, símbolo del paisaje rural clásico neerlandés, se combina con algunos de los rasgos típicos del pintor, como el cielo nublado y la naturaleza cruda.

Anécdotas: El molino de la pintura fue destruido (aunque todavía quedan algunos restos de su estructura) en 1820 [1], pero junto al lecho del río Lek existe otro molino muy similar que se benefició de una confusión debida a dicha similitud [2].  Este molino, el Molen Rijn en Lek (molino del río Lek), estuvo a punto de ser desmantelado en la década de 1920 y la ciudadanía se movilizó para salvarlo, en gran parte gracias a la concepción errónea de que era el que aparece en el famoso cuadro de van Ruisdael. Gracias a la gran cantidad de dinero recaudado pudo salvarse y el molino sigue en pie a día de hoy, teniendo además la peculiar característica de que cuenta con un arco en su base que permite pasar a través de su estructura [3].

 

[1] molenrijnenlek.nl - The History

[2] molenrijnenlek.nl - World famous because of a misconception

[3] Atlas Obscura - Rijn en Lek Windmill

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Por Rubén Pedreira

A todo el mundo le gustan los agujeros negros. En una encuesta de popularidad sobre cosas de física ocuparían el primer lugar, sin duda alguna. Por ello, hablaremos aquí de un inquietante detalle de estas regiones que quizás no sea tan conocida como otras: La paradoja de la pérdida de información.

 
Primera imagen tomada de un agujero negro, realizada por el Event Horizon Telescope en 2019 (f)
 
Empezaremos suponiendo que todos estamos de acuerdo en algo básico e innegable: La física, más que ciencia, es magia. Porque la función de la física, en muchos aspectos, se basa en predecir el futuro y eso es pura brujería. Eso sí, antes de que algún purista me acuse de vendehumos por hablar de artes mágicas en un texto sobre ciencia, explicaré un poco a lo que me puedo referir con esto: Si tenemos un sistema totalmente caracterizado, la física tiene argumentos para predecir cual será su estado siguiente (y cuál fue su estado pasado). Que esto sea así es una suerte, ya que si tenemos identificado el estado de un sistema de partículas y este evoluciona hacia otro estado, dicha evolución cumplirá unas leyes físicas que nos permiten obtener la información también en la nueva situación, porque esencialmente es la misma tras pasar por algunas transformaciones.
 
La física permite eso, explicar la evolución de los sistemas y predecir su futuro con unos trucos llamados ‘leyes’, y por fortuna es siempre así. ¿Siempre? ¡No! Un grupo de irreductibles objetos se resiste, todavía y como siempre, a pasar por este aro: Los agujeros negros. Estos entrañables mastodontes son odiosos a su manera. Hay muchas cosas que funcionan en ellos de forma muy distinta al resto del Universo, y eso atrae pero también desespera. Un agujero negro te coge por las solapas y te dice: ‘Esto es lo que hay y, si no te gusta, intenta estudiarme hasta que mueras sin haber entendido nada igualmente’.
 
En un agujero negro la idea de que la información de un sistema es conservada entre un estado y otro de dicho sistema se cae por su propio peso. Para empezar, ocurre lo que ya todos sabemos, y es que en cuanto el sistema entra en el horizonte de sucesos ya no hay vuelta atrás. Una vez dentro del horizonte de sucesos la información de lo que entra deja de ser accesible para todo observador externo, queda bloqueada en el agujero negro. Cuando hablo de información siempre me estoy refiriendo a las características físicas del sistema ( posición, velocidad, momentos…). Esa información queda inaccesible pero, en principio y sin entrar en adivinanzas sobre lo que ocurre dentro, sigue estando ahí. O al menos debería seguir ahí, por mucho que no podamos acceder a ella desde fuera. Esta paradoja surge de intentar entender si, de alguna manera que desconocemos, la información es conservada.
 
La cosa se pone fea, no obstante, cuando aparece un fenómeno llamado ‘Radiación de Hawking’, que es una radiación (sí, los agujeros negros emiten energía y, por tanto, no son realmente ‘negros’) producida por efectos cuánticos en el horizonte de sucesos de un agujero negro. Lo inquietante es que esto viene a decir que un agujero negro se va evaporando con el tiempo al emitir esa radiación y, como la radiación de Hawking es radiación térmica y este tipo de radiación tiene una distribución aleatoria, no contiene ‘información’. Quizás no es muy correcto decir que no contiene información, ya que no deja de ser un fenómeno físico, pero es una información que, al ser aleatoria, tiene que ver simplemente con una distribución estadística influida por la masa del agujero negro, su rotación y su carga. No es, por tanto, una información análoga a la que portan los sistemas engullidos, no los tiene en cuenta, y por ello induce una pregunta turbadora: Si el agujero se evapora emitiendo una información así ¿Qué ocurre con la información de tipo totalmente diferente que se introduce en ellos? 
 
Es decir, teniendo esto en cuenta, la información portada por todo lo tragado por el agujero negro (debido a la evaporación mediante radiación de Hawking del agujero) desaparecería sin haberse conservado una vez la singularidad se desvaneciera del todo. Por hacer una analogía cutre, sabemos que si pinchamos un globo este se ‘evaporará’ expulsando aire, es decir, la misma información que introducimos para hincharlo. ¿Pero qué pasaría si se fuera desinchando emitiendo luz y no aire? Eso sería una falta de respeto terrible, pero sobre todo sería un fenómeno inexplicable. Algo parecido pasa aquí (siempre entendiendo que la del globo es una analogía simplista y que en esta historia entran en juego fenómenos cuánticos que pueden codificar la información de manera más extraña de lo que pasaría en un ejemplo de la vida cotidiana), y no es cosa menor. El resumen de todo esto es que el principio básico de que la información se conserva en el Universo se destroza por completo en los agujeros negros, ya que la información emitida por ellos es aleatoria e independiente de la entrante. 
 
Por ejemplo, si tuviéramos dos agujeros idénticos y tirásemos cruelmente a una persona aleatoria en cada uno de ellos, los agujeros los igualarían. Da igual quien de los dos fuese más gordo o más carismático, da igual que uno de ellos entrase más lentamente: el espectro de radiación emitido por ambos agujeros sería el mismo. ¿A dónde va a parar esa información perdida? ¿Se pierde realmente? Es evidente que las paradojas no casan bien con todo lo que significa la física, así que nos falta algo en todo esto para explicarlo. 
 
Aquí cabrían dos opciones: O la teoría de la radiación de Hawking tiene lagunas que subsanar (caso aparentemente más probable, quizás esa radiación térmica tenga una distribución menos aleatoria de lo que nuestras teorías conocen y en ella se encuentre la clave) o la conservación de la información en el Universo no es una ley real y toda nuestra física se iría a la basura (caso aparentemente más divertido). Sea lo que sea, habrá que esperar a que algún genio con tiempo libre nos lo comente en un futuro incierto, por ahora la paradoja es todo lo que tenemos.
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