H.P. Lovecraft - En las montañas de la locura

sábado, 17 de diciembre de 2022

H.P. Lovecraft - En las montañas de la locura




Lovecraft es un autor que me gusta. Supo crear un mundo propio lleno de cosas fuera de toda lógica cotidiana sin renunciar a que sus historias poseyeran una alta cotidianeidad en todo lo demás. Lo fácil es crearte un Universo de fantasía en donde existe la magia, los dragones, las ilusiones varias y donde la vida va de pasear por los prados en lugar de ir de complementar las ocho horas diarias de trabajo con alguna que otra fiesta de fin de semana y algún que otro vacío existencial.

Él no creó uno de esos mundos fáciles donde las normas que aplican a sus habitantes no son las que conocemos y que por ello permiten tomar para los hechos narrados licencias casi infinitas. Entendámonos, en sus historias hay aliens, criaturas aberrantes y sucesos pintorescos que no suelen ocurrirle a tu vecino del tercero, pero creo que se puede entender lo que quiero decir. Lovecraft no soluciona los problemas de sus personajes con conjuros ni con leyes de  la física imposibles.  Mantiene todas sus excentricidades dentro de un mundo plausible, en el que simplemente existe la minucia de que hay cosas por ahí que no son del todo comunes: Tentáculos creciendo donde no suele crecer un tentáculo, horrores ocultos inimaginables… Cosas que pueden pasar en las mejores familias.

Esa plausibilidad es lo que hace que me guste. El saber que cuenta lo improbable, no lo imposible. Que un día un colega, como ocurre en este libro, llegue de su expedición a la Antártida y te cuente que descubrió unos seres alienígenas indescriptibles hibernando allí que reventaron a todos sus compañeros sin compasión es algo que no resulta habitual, cierto. Pero si te lo cuentan enseñando pruebas puedes llegártelo a creer. Es decir, son alienígenas, ¿quién puede asegurar que no existan y que no destrocen expediciones?  Si contase que un anciano le hizo levitar con unas palabras mágicas no me lo creería, pero lo de los aliens es otra cosa.

Hay un detalle, eso sí, que creo que siempre jugó en su contra, y es que a Lovecraft le gustaba describir hasta los pelos de la nariz de sus personajes. Creo que esta historia daría mucho más juego si estuviera más centrada en la acción, pero él lo hizo así y a mí me gusta.

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